dijous, 18 d’abril del 2013



             Ellas

          
          
 
            Me he encontrado una hoja en blanco. Es tarde, sí, ya casi va a salir el sol, pero necesito escribir. Escribiros. Hablaros de vosotras, mis niñas, de nuestras noches de verano,  contaros que las madrugadas en Mallorca son especiales, tienen un color que no os sabría describir. Los barcos, el mar, la luna casi inerte esperando a que el sol la convierta en nada, es algo que me gustaría enseñaros cada día. El olor del alba en las mañanas de agosto, con vosotras,  algo de otro mundo. Los mojitos y las cañas cerca del Mediterráneo no tienen precio. Las canciones perfectas en momentos perfectos saben a gloria. La mejor de las compañías, vosotras, mis chicas fieles, las risas, los chistes malos, son algo por lo que merece la pena vivir. Quiero contaros lo bonito que es el calor de las noches de verano,  los planes improvisados siempre acaban bien. Tatarear cualquier canción estúpida y, sin más, inventar coreografías sin sentido, sin ritmo. El ritmo de las carcajadas son especiales, pero aún más en Mallorca. Hacer juntas planes de futuro,  soñar e imaginar batallas memorables. Cometer locuras, porque sí, porque nos da la santa gana. Luchar contra el sueño y transformar las resacas en la mejor de las aventuras. No os imagináis el amor que esconden las madrugadas en esta isla, no os imagináis la magia que veo en cada una de vuestras sonrisas. Bendita la inspiración a altas horas de la madrugada. Os quiero.

dimecres, 17 d’abril del 2013



 Perdernos


         
           No decidimos adueñarnos del aquí y el ahora, pero lo hicimos. No era difícil leer en su cara los segundos que sin querer convertía en nada. El tiempo dejó de tener sentido, y con él la ropa que nos cubría. Dejamos las fechas como asignatura pendiente para lanzarnos a la atemporalidad. Sobrevivimos a base de orgasmos, no nos hizo falta nada más. Casi se nos olvidó respirar. Aprendimos a canjear problemas por remedios, esos que empezaban por un beso y acababan en la cama, su cama, tan fría ya. Sacaba lo peor de mí, no sin después sacar lo mejor. Jamás tuvimos nuestra canción, tuvimos un millón. Más que en mi maquillaje, creyó en mí. Entre una infinidad de cosas, me enseñó a encontrarme, a comprenderme, a quererme. Convirtió mis piernas en su excursión favorita. Hasta el más insignificante plan se convertía en aventura si lo hacíamos juntos. Éramos una mezcla de ilusión y ganas. 

          Hubiera jurado que en nuestras vidas no existiría más bella combinación que la de nuestras manos, que la de nuestras piernas enredadas en la cama después de una de esas batallas que concluían los días de verano. Hubiera jurado que no había nada más verdadero que lo que él tocaba, nada más cierto que lo que salía de su boca, y qué boca... Se nos hizo corto el “para siempre”, no concebía un minuto sin mirarme, sin tocarme, me convertí en su necesidad primordial. Podría decir que llegamos a convertirnos en una sola persona, bonita afirmación que más tarde nos llevaría a perdernos. No hubo nada más grande que la conexión que teníamos, era como hablar con otra boca, mirar con otros ojos que, en el fondo, nunca fueron míos. Ahora sé y confirmo que nada es infinito; encontró otra excursión en otras piernas, con otro millón de canciones y otros cientos de orgasmos. Me dejó con las ganas, me perdí como nunca lo había hecho antes. Me dejó a deber unos cuantos besos, pero ya no los busco. Ya no los quiero.

dimarts, 16 d’abril del 2013

RECORDAR


   Qué bonito el recordar. Qué bonito echar la vista hacia atrás. “Recordar”, gran don de los seres humanos. Somos lo que hemos vivido, somos lo que recordamos. No quisiera olvidar mis primeras veces. Recuerdo y sonrío. Qué bonito el recordar, y cómo duele a veces.
   

 Te lo has llevado todo

       Y yo que creía que mis sueños tenían Copy Right, una especie de derechos de autor... pues no. Me los robaste. Te llevaste mis planes, mi sonrisa matutina y los paseos por la playa a altas horas de la madrugada. Te apoderaste de las Navidades, las tardes de siesta y los días en chándal. Te quedaste los cristales empañados de tu coche, mis nombres favoritos y nuestro perfecto plan en Las Vegas. Ya no se oyen canciones a capella en la cocina, el agua llenando la bañera para dos, carcajadas por el pasillo ni discusiones tontas en el salón. Ya no queda nada de eso que me llevaba a asomarme por la ventana cuando estabas al caer. Me robaste las aguadillas en verano, las guerras de cojines, tu risa al hacerme enfadar, los créditos finales de las películas y las cenas en tu sofá. Devuélveme las ganas, el verte entrar por la puerta y deshacerte la cama, tráeme todas las fotos que nunca nos llegamos a hacer. Tú, escúchame, vuelve de una jodida vez.




foto: Favim.com


 Ojalá Boston vuelva a brillar


          Que se quede todo en una pesadilla más, de esas que no se olvidan pero, con el tiempo, acaban enfriando el disgusto, la pena, la rabia inevitable. Ayer dos explosiones robaron la calma a miles de  ciudadanos en Boston. Entre humo, gritos y desconcierto se creó un antes y un después en la vida de muchos. Los que fallecieron tal vez, y solo tal vez, estén desorientados en algún lugar imperceptible, observando su bonita ciudad con ojos tristes.

       Mientras tanto yo estoy aquí, en la terraza de un bar cualquiera con un periódico sobre la mesa, tan lejos de ese hermoso lugar que ayer se tiñó de negro. Vuelve a surgir, una vez más, la gran pregunta ante el terrorismo: ¿POR QUÉ?. Quizás nosotros hoy no durmamos tranquilos, tal vez hoy nos invada el malestar al meternos en la cama pensando en Boston. Sin embargo,  es probable que ellos no vuelvan a dormir bien en mucho tiempo,  puede que tarden una infinidad en volver a conciliar el sueño como lo hacían antes de ayer. Convertirán el miedo, los vuelcos al corazón y las lágrimas en una rutina. Y nosotros aquí, bajo el sol de Mallorca, con un café entre las manos analizando la gente que pasea ante nosotros. 
 Vuélvete a quejar.




foto: worldpropertychannel