Ojalá Boston vuelva a brillar
Que se quede todo en una pesadilla más, de esas que no se olvidan pero, con
el tiempo, acaban enfriando el disgusto, la pena, la rabia inevitable. Ayer dos
explosiones robaron la calma a miles de ciudadanos en Boston. Entre humo, gritos y desconcierto
se creó un antes y un después en la vida de muchos. Los que fallecieron tal
vez, y solo tal vez, estén desorientados en algún lugar imperceptible, observando
su bonita ciudad con ojos tristes.
Mientras tanto yo estoy aquí, en la terraza de un bar cualquiera
con un periódico sobre la mesa, tan lejos de ese hermoso lugar que ayer se tiñó
de negro. Vuelve a surgir, una vez más, la gran pregunta ante el
terrorismo: ¿POR QUÉ?. Quizás nosotros hoy no durmamos tranquilos, tal vez hoy nos
invada el malestar al meternos en la cama pensando en Boston. Sin embargo, es probable que ellos no vuelvan a dormir bien
en mucho tiempo, puede que tarden una infinidad en volver a conciliar el sueño como lo hacían antes de ayer. Convertirán
el miedo, los vuelcos al corazón y las lágrimas en una rutina. Y
nosotros aquí, bajo el sol de Mallorca, con un café entre las manos analizando
la gente que pasea ante nosotros.

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